Will Smith en el Amazonas junto a la tribu Waorani en Ecuador. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.

De Polo a Polo – National Geographic

Hay días en los que el cuerpo te pide encender la tele, acomodarte en el sofá con algo calentito en las manos y dejarte llevar, sin pensar en nada más.

Hace poco vi la serie documental Pole to Pole (De Polo a Polo) y me apetecía muchísimo contártela porque encaja justo con esa manera de viajar que tanto intento transmitirte. La presenta Will Smith para National Geographic, y por cierto, si después de leer este artículo quieres verla, está disponible en Disney+.

La premisa del documental ya impresiona de por sí, atravesar el planeta desde el Polo Sur hasta el Polo Norte, a lo largo de los seis continentes en una expedición de 100 días. Está inspirado en el sueño de su difunto mentor, el explorador Dr. Allen Counter. Pero lo que realmente creo que te engancha de este documental, no es la distancia geográfica entre los dos extremos del mundo, sino el hecho de darte cuenta mientras lo ves, de lo poquísimo que sabemos sobre la Tierra y sobre quienes la habitan. Ver este documental es, ante todo, una lección constante de humildad.

Si algo logra este documental es mostrar los contrastes tan alucinantes que conviven en este mismo instante en nuestro planeta.

El viaje arranca en el Polo Sur, en mitad de la inmensidad blanca de la Antártida, donde la temperatura puede caer a niveles casi inimaginables. Allí, junto al explorador polar Richard Parks y los equipos científicos brasileños que pasan meses aislados dedicados a estudiar el impacto del cambio climático en el hielo, entiendes la fragilidad de un lugar que parece invencible. Hay mucha belleza y generosidad en personas que eligen vivir al límite solo para cuidar el futuro de todos.

Will Smith y Richard Parks en la Antártida. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.
Fotografía de National Geographic

Y de repente, en el siguiente capítulo, saltas de ese silencio helado del polo a dos capítulos intensos en el hervidero de vida del Amazonas.

Primero, explorando la densidad de la selva y especies peligrosas con el profesor Bryan Fry, después, adentrándose en aguas oscuras tras la pista de una anaconda gigante y rapelando también junto a la alpinista local Carla Pérez en una red de cuevas conocida como «el útero de la Tierra» para extraer veneno de tarántulas gigantes que podrían servir para crear fármacos vitales o analizar especies de las que apenas tenemos registro.

Es alucinante comprobar que la naturaleza sigue guardando misterios inmensos y cómo el planeta late a un ritmo ajeno por completo al ruido y las prisas en las que nos movemos a diario.

Will Smith junto a Bryan Fry y Carla Perez en el Amazonas. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.
Fotografía de National Geographic

A medida que la ruta avanza hacia Asia y África, el documental deja de ser solo un viaje por la geografía para convertirse en un retrato precioso sobre las personas.

Al llegar a Asia, el viaje hace un parón precioso en el reino de Bután. Allí la expedición se adentra en el Himalaya para entender una forma de vida donde el bienestar no se mide en riqueza económica, sino en respeto, comunidad, salud mental y en tener una relación consciente con la impermanencia. Te hace frenar en seco y cuestionarte qué significa realmente estar presente.

Will Smith en Bután. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.
Fotografía de National Geographic

En Oceanía, la ruta se detiene en una remota isla del Pacífico azotada por la subida del nivel del mar. Más allá del impacto ambiental, este capítulo me encogió el corazón por lo humano porque registran la pérdida del patrimonio intangible acompañando a los últimos habitantes que intentan preservar su cultura y documentan junto a la lingüista Mary Walworth una lengua autóctona que ya solo recuerdan cinco personas en todo el planeta. Una llamada de atención clarísima sobre lo frágiles que son las identidades de muchos pueblos.

Will Smith en las islas del Pacífico. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.
Fotografía de National Geographic

En África vives una de las historias más potentes —y mi momento favorito— en el desierto del Kalahari. Con el guía de Kane Motswana, Will conoce a la comunidad San, uno de los pueblos cazadores-recolectores más antiguos de la Tierra. Ver cómo leen las señales más imperceptibles de la naturaleza exactamente igual que hace miles de años te remueve algo por dentro. Te das cuenta de hasta qué punto hemos perdido la conexión con la tierra, y a la vez te deja esa sensación agridulce al saber que esa forma de vida tan pura se va apagando frente a la modernidad.

Si quieres saber más sobre los San puedes leer también el siguiente artículo en el que explico un poquito más sobre ellos.

El tramo final alcanza los 90 grados norte. Bajo la capa helada del Polo Norte, en las condiciones más peligrosas de toda la expedición, Will se sumerge en aguas congeladas junto a la ecóloga polar Allison Fong para recoger muestras de microorganismos capaces de capturar carbono de la atmósfera.

Will Smith en el Polo Norte. Imágenes de Pole to Pole (de Polo a Polo), documental de National Geographic.
Fotografía de National Geographic

Llegados a este punto, es verdad que elegir a Will Smith para un proyecto así tenía su riesgo. Desde lo que pasó en los Óscars, da la sensación de que la mirada del público hacia él se divide entre los extremos, o hay un rechazo directo o se entiende que, al final, errar es algo humano y que nadie está libre de equivocarse.

Sin entrar a juzgar, creo que precisamente esa sombra le da al documental una capa de vulnerabilidad interesante. No ves a un superhéroe de Hollywood superando pruebas con facilidad, sino a alguien que a menudo se siente superado por el entorno, que comete errores, que siente miedo y que está haciendo su propio viaje personal de reconstrucción frente a las cámaras. Acompañas a alguien que aprende a mirar hacia fuera para volver a entenderse por dentro.

Si te apetece desconectar del ritmo acelerado de la semana, filtrar un poco el ruido exterior y recordar la inmensidad de matices que tiene nuestro planeta, dale una oportunidad. Prepara la manta, apaga las notificaciones y viaja de polo a polo sin moverte del sitio. Te prometo que te deja con esa sensación tan bonita de querer cuidar un poquito más todo lo que nos rodea.

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